FEDERACIÓN PANAMERICANA DE PROFESIONALES DE ENFERMERÍA

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1. Introducción

El personal de enfermería y partería comparte con otras ocupaciones de la salud el compromiso con el bienestar de los pacientes y el deber de ejercer su profesión de acuerdo con códigos deontológicos. Sin embargo, los profesionales de este sector encuentran cada vez más obstáculos y desafíos para desempeñar su labor. Los riesgos a los que se enfrentan abarcan desde la práctica diaria, en la cual la creciente complejidad de la atención sanitaria suscita considerables problemas éticos, hasta el ejercicio de la enfermería en zonas de catástrofes naturales y pobreza, así como en regiones de conflictos y tensión, donde los profesionales de la enfermería, junto con sus pacientes, están continuamente expuestos a ser blanco de violencia por haber presenciado abusos, por haber dispensado cuidados a personas calificadas de opositoras o de subversivas por las autoridades o por ser considerados subversivos ellos mismos. Corren el riesgo de sufrir daños por «estar en el lugar equivocado en el momento equivocado». Las enfermeras y enfermeros también pueden recibir presiones para colaborar o actuar en connivencia en la comisión de abusos que tienen lugar ante ellos o con su conocimiento.

Este documento analiza algunos de los abusos contra los derechos humanos y riesgos de tales abusos que enfrenta u observa el personal de enfermería y partería durante su trabajo. También examina la función de estos profesionales en la asistencia a personas cuyos derechos han sido violados. Pugna también por un papel continuado y más enérgico de la enfermería en la defensa de los pacientes en situación de riesgo, de los derechos de las mujeres y las niñas, y de la protección del personal y las asociaciones de enfermería que corren peligro. Este estudio hace un llamamiento a la promoción de la ética y de las normas de derechos humanos, y señala que es preciso que asociaciones profesionales y grupos de derechos humanos vigilen constantemente las presiones que se ejercen sobre los profesionales de la enfermería para que adopten una conducta desprovista de ética.

Amnistía Internacional cree que el personal de enfermería y partería puede contribuir en gran medida a la protección y promoción de los derechos humanos ejerciendo su profesión de forma ética, negándose a participar en abusos contra los derechos humanos y denunciando los abusos graves que no están siendo atajados.

Amnistía Internacional formula, entre otras, las siguientes recomendaciones:

· Las asociaciones de enfermería y las enfermeras y enfermeros a título individual deben aumentar sus esfuerzos para proteger y promover los derechos humanos.
· Deben fortalecerse y fomentarse la profesionalidad y la ética profesional en las asociaciones de enfermería y entre sus miembros.
· Debe reforzarse la seguridad del personal de enfermería y partería en los centros de salud y en zonas en las que se cometen abusos contra los derechos humanos.
· Debe ofrecerse con más regularidad formación profesional y en derechos humanos al personal de enfermería y partería a lo largo de su carrera.

Amnistía Internacional y las profesiones de atención a la salud
Amnistía Internacional es una organización internacional de derechos humanos que cuenta con cerca de dos millones de miembros en más de 180 países o territorios. La misión de Amnistía Internacional consiste en realizar labores de investigación y acción centradas en impedir y poner fin a los abusos graves contra el derecho a la integridad física y mental, a la libertad de conciencia y de expresión y a no sufrir discriminación, en el contexto de su labor de promoción de todos los derechos humanos.(3)
La Red de Profesionales de la Salud de Amnistía Internacional se creó hace más de 30 años y está compuesta de miembros individuales, grupos y redes de personal médico y de enfermería, especialistas en salud mental y otros profesionales de la salud en más de 30 países. Esta red persigue las metas de Amnistía Internacional aplicando conocimientos especializados, estableciendo contactos, redactando cartas y poniendo en práctica técnicas de captación de apoyos.
Desde hace muchos años, Amnistía Internacional insta a que la enfermería desempeñe un papel enérgico en la protección de los derechos de los pacientes y alza la voz en defensa de enfermeras y enfermeros en situación de riesgo. (4) Asimismo, ha recomendado que organismos de enfermería y grupos de derechos humanos lleven a cabo una labor activa de vigilancia con el fin de proteger los derechos del personal de enfermería que recibe presiones para adoptar una conducta carente de ética.
Amnistía Internacional ha continuado observando indicios convincentes de los efectos perniciosos y las secuelas permanentes que tienen los abusos contra los derechos humanos infligidos a individuos y comunidades, algunos de los cuales están relacionados con la medicina y la enfermería. Entre ellos se encuentran los efectos directos en la salud de los actos de tortura, los malos tratos y las sanciones legítimas o ilegítimas. También cabe mencionar las consecuencias de la violencia de género y de las prácticas tradicionales nocivas, el impacto de la pobreza y el incumplimiento por parte de los Estados de sus obligaciones de proteger los derechos humanos de personas concretas y comunidades. En tales ámbitos, el personal de enfermería y partería tiene un importante papel que desempeñar a la hora de perseguir como objetivo prioritario el interés de los pacientes y de defender sus derechos humanos. Al proceder así, confirman la ética de las profesiones de la salud.

1.1 Perspectiva histórica del personal de enfermería y los derechos humanos

Resulta imposible exponer adecuadamente la relación histórica entre la enfermería y los derechos humanos y la ética desde el siglo XIX en este apartado tan breve. Por tanto, este epígrafe tiene por objeto mencionar casos concretos para ilustrar principios y problemas de derechos humanos más generales. La historia de la enfermería se trata con detalle en otras fuentes y es objeto de estudios especializados.(5)
En el siglo XIX, la enfermería se percibía de forma generalizada como una labor humanitaria, pues la función asistencial del personal de enfermería estaba inextricablemente unida a las privaciones y al sufrimiento de los conflictos militares. Durante la guerra de Crimea, Florence Nightingale y, en una época tardía de su vida, Mary Seacole definieron la función terapéutica del personal de enfermería en sus respectivas obras, que gozaron de amplia difusión.(6) Clara Barton, prominente enfermera durante la guerra civil estadounidense, también contribuyó en gran medida al desarrollo de la profesión y fundó la Cruz Roja de Estados Unidos.(7) El subsiguiente progreso de la enfermería reflejó muchos de los principios expuestos durante este periodo, así como a finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, esta visión tan benévola de las facultades de enfermeras y enfermeros cambiaría posteriormente debido a los abusos que habrían de cometerse en nombre de la misión humanitaria de la enfermería.

La conducta del personal médico en AlemaniaAlemaniapersonal de enfermería y nazismo entre 1933 y 1945 marcó el camino de gran parte del debate de la posguerra sobre la ética de la investigación y de la medicina, y contribuyó a la creación de la Asociación Médica Mundial (AMM), que centró su labor en la ética médica. En respuesta a las prácticas de los médicos alemanes, se adoptó el Código de Nuremberg(8) y se concedió prioridad a la ética de la investigación propuesta por la Asociación Médica Mundial. Al contrario de lo que ha ocurrido con la colaboración de los médicos alemanes en los programas de «eutanasia» y genocidio nazis, que ha sido analizada con bastante detalle,(9) la conducta del personal de enfermería durante el Tercer Reich ha recibido mucha menos atención, si bien hay varios estudios importantes que ilustran su función durante el periodo nazi, de 1933 a 1945.(10) El examen del papel de los profesionales de la enfermería en el asesinato masivo de pacientes psiquiátricos y de niños y niñas «incurables» o con «malformaciones» durante el periodo nazi arroja luz sobre los procesos por los que puede convencerse a enfermeras y enfermeros de que deben participar en actividades carentes de ética y letales.

Según un experto, es obvio que «los autores del programa de "eutanasia" no aterrorizaron al personal de enfermería para que tomara medidas que contradijeran sus imperativos profesionales y morales fundamentales».(11) Más bien, intentaron:
 

    aletargar sus mecanismos de alarma, paralizarlos mediante sentimientos de impotencia y explotar su deseo de equilibrio emocional. La confrontación y las crisis debían evitarse; y, en los momentos en los que afloraba la conciencia de ser cómplice de asesinato, tales sentimientos se reprimían con la ayuda de la presión burocrática y del atosigamiento, y se confinaban al ámbito privado.(12)


En ocasiones, los profesionales de la enfermería que participaron en programas de eutanasia fueron incapaces de rendir cuentas de su conducta: «La única explicación que puedo ofrecer es que en aquella época no tenía tiempo de pensar en ello porque nos sometían a mucho estrés»; «No lo hacía de buen grado porque, en realidad, lo detestaba. Repito, no lo hacía de buen grado. De hecho, no sé explicar por qué no me negaba».(13)

En otros casos, aludieron a la disciplina para explicar su comportamiento: «Consideraba que […] el acto de administrar medicamentos, incluso para matar a personas con discapacidad mental, era una obligación que no se me permitía rechazar. Siempre pensaba que una negativa por mi parte supondría mi despido como enfermera y funcionaria pública; por eso nunca me negué»; «El personal de enfermería tenía una férrea disciplina y cada enfermera o enfermero subordinado tenía la estricta obligación de ejecutar las órdenes de su superior».

Otros profesionales de la enfermería que participaron en el programa de eutanasia consentían los homicidios organizados al tiempo que mantenían un rechazo moral al asesinato. Tal como comentó una enfermera: «Si me hubieran ordenado golpear a un paciente en la cabeza con un martillo, habría sabido que era un asesinato, por lo que me habría negado a hacerlo en toda circunstancia ».(14) Otra afirmó: «Al no ver la relación [entre llevar a los pacientes a la "cámara de gas" y la muerte resultante], nunca se me ocurrió negarme a hacerlo».(15)

Al parecer, una estrategia para tratar con lo inaceptable era evitar conocer los detalles del programa de exterminio: «la imperiosa necesidad psicológica de mantener los homicidios en el ámbito de los rumores, de lo incierto».(16) A pesar de esto, hubo enfermeras y enfermeros a título individual que sí se opusieron a los homicidios programados. Sin embargo, según se ha sostenido, los supervisores trataban esta actitud como una forma de «anomalía administrativa», y no como un desafío moral, por lo que no se consideraba una amenaza para el programa. Si bien la perspectiva de negarse a colaborar con el programa nazi habrá entrañado, sin duda, un miedo considerable en la persona que tomara tal decisión, no se conoce caso alguno de profesionales de la enfermería que hubieran sido enviados a campos de concentración por negarse a participar en él.(17) H. Steppe nombra a 50 enfermeras y enfermeros que se opusieron a las políticas nazis y añade que el número real fue, casi con certeza, mayor. Refiere brevemente dos casos concretos. S. Benedict describe en detalle el caso de una tercera enfermera que se resistió a colaborar con el programa de exterminio en el campo de concentración de Auschwitz.(18)

La historiografía de este periodo recibió un impulso en 2004 con la convocatoria de la primera conferencia internacional sobre enfermería y partería en Alemania y en los territorios ocupados por Alemania durante el periodo nazi.(19)

Se observa el mismo proceso –aunque posiblemente no puedan equipararse la escala ni el enfoque sistemático de los abusos– en la respuesta de los profesionales de la salud a los abusos políticos en diversos países durante la segunda mitad del siglo XX. En SudáfricaSudáfricaprofesionales de la salud y apartheid, por ejemplo, el personal de salud era un sector primordial en la aplicación diaria del apartheid.(20) Los códigos deontológicos que reflejan algunas de las lecciones aprendidas han contribuido a reforzar la posición del personal médico y de enfermería que rechaza comportamientos faltos de ética instigados por un Estado, pero no han logrado ser una respuesta plenamente eficaz para evitar tales actividades.

Con el fin de lograr una respuesta más firme de los profesionales de la salud a las presiones que ejerce un Estado para que colaboren en violaciones de derechos humanos, es necesario prestar más atención a los problemas que surgen en torno a los conflictos de lealtades,(21) apoyar al personal de salud a través de asociaciones profesionales y organismos de derechos humanos e inculcar a la sociedad el respeto por los derechos humanos.

 

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